AMENAZAS A LA DIVERSIDAD BIOLÓGICA

La diversidad biológica disminuye en la medida en que se transforman los hábitat naturales, muy especialmente, cuando se talan los bosques tropicales. Por otra parte, la desaparición de los hábitats lleva consigo la desaparición de las especies o de una parte de la variación genética dentro de ellas, todo ello como consecuencia de la expansión de las poblaciones humanas y de sus actividades, principalmente.

Isabel Hoyos (1990), expresa que la mayoría de las especies, tanto vegetales como animales, se localizan en las regiones tropicales y subtropicales, donde también se encuentran las naciones en vía de desarrollo. En estos países, los deterioros ecológicos se suceden en gran escala y con gran rapidez, impulsados por las necesidades básicas de subsistencia, la ignorancia y la visión del recurso únicamente a corto plazo. Por otra parte, estas regiones cuentan con problemas socio-políticos complejos y crisis económicas "estrangulantes" como la deuda externa, todo lo cual contra la salvaguarda de las áreas naturales, ya que no se dispone de fondos para el manejo racional y de la vigilancia adecuada para su conservación. 

En el caso de Venezuela, los estudios Romero 1990, indican que para 1985 ya se había perdido el 25% de toda su cobertura vegetal. Así mismo, que a la tasa actual de deforestación de 0,4 % cada año, y haciendo proyecciones respecto al crecimiento poblacional del país, se hizo un estimado del 5,5 % anual. También se estimó que para el año 2.000 la destrucción estaría en el orden del 50 % y para el 2.015, llegaría al 75 %.

Esto se explica en parte por el proceso acelerado de crecimiento y expansión de los sistemas económicos de producción, los cuales reportaron al país numerosos beneficios materiales, pero también daños considerables a los recursos naturales y a la ecología humana, debido básicamente al carácter anárquico que ha asumido el desarrollo de la Venezuela petrolera, frente al ambiente[1]

Este proceso es, en parte, responsable del evidente deterioro ambiental que presenta hoy el país y de la merma de los recursos naturales, agudizada cada vez más por la inadecuada distribución territorial de la población y la explotación irracional del medio físico.

Este grave problema lleva a plantear soluciones urgentes, incluyendo la creación de planes de acción y estrategias, los cuales contribuyan a estimular y coordinar actividades conservacionistas. Se requiere, entre otras soluciones, el cambio de los esquemas económicos que desvirtúan los diferentes valores de la biodiversidad.

La Desaparición de Especies

Diversos son los estimados de especies que habitan nuestro planeta, pero en todo caso, los cálculos varían de un especialista a otro, de un día a otro y con el descubrimiento continuo de nuevas especies.

Cualquiera que sea el número real, esta infinita riqueza biológica es el resultado de 3 mil 800 millones de años de evolución, marcada por períodos de extinción durante los cuales se borraron de la faz de la Tierra una proporción elevada de especies.

Sin embargo, con el tiempo estas fases de extinción se fueron espaciando entre períodos de millones de años. Con la aparición del hombre, el fenómeno comenzó a acelerarse progresivamente. Según el biólogo Norman Myers, entre el año 1600 y 1900 desapareció, en promedio, una especie animal cada cuatro años. A partir de 1900, el ritmo aumentó a una especie por año y actualmente, según sus cálculos, el número de especies que desaparece cada año asciende a cien. Edward O. Wilson, biólogo de Harvard, ubica la cifra de especies animales y vegetales que desaparecen cada año en 17.500. Para otros investigadores, estas cifras son exageraciones engañosas y aseguran que no hay peligro de extinciones masivas y fatales.

Sin embargo, la alarma está activada, pero más que el aspecto emocional de la desaparición del rinoceronte negro, del tigre de Siberia o de los osos de los Pirineos, existen sobradas razones para preservar las especies y los habitantes que nos rodean.


[1] MARNR, 1992.