ENERGÍA NUCLEAR PARA VENEZUELA

Enrique Prieto Silva

Martes 15 de marzo de 2011

Nadie puede dudar de la importancia de la energía nuclear, utilizada con fines pacíficos, como se le ha estimado, considerando el gran avance que se ha logrado con especial énfasis en la medicina. Para nadie es un secreto el cambio radical que esta energía ha generado en el planeta, como siempre, resultado del encuentro entre el científico y el hombre de armas. Hablar de ello pareciera una radicalización de uso como fuente energético, luego de descubrirse, aunque con un efecto mínimo, su potencial para lograr con su destrucción la disuasión del imperio de la guerra, como ocurrió en 1945 para bajar el telón a la II Guerra Mundial. Su efecto, que aún conserva secuelas en las tierras japonesas, hoy por culpa de la naturaleza, vuelve a asomar el desencanto de su uso casi con la misma magnitud que en Chernobil, donde la impericia, luego del  parto inventado de la Guerra Fría, quiso recuperar el tiempo perdido en su uso, para la generación de energía eléctrica; precisamente, en una zona del planeta donde existen grandes reservas de petróleo.

El momento es oportuno para asomar desencuentros con la idea del presidente Chávez de iniciar el desarrollo de la energía nuclear “con fines pacíficos”, lo que pareciera una contradicción, cuando Venezuela cuenta con grandes reservas de petróleo, que ha constituido el elemento energético más usado en la historia desde comienzos del siglo XX, y que, por su mal uso, ha sido culpado de los males cíclicos que se han generado en el planeta, dando pie a la búsqueda de un sustituto de los combustibles fósiles por la llamada “energía limpia”, menos o no contaminante del medio ambiente. Pero la realidad deja en claro, que en lugar de disminuir, pero su resultado aspiración que pareciera verse eclipsada en lugar de disminuir, el consumo sigue en aumento sin parangón, en a misma proporción que aumenta la población y su aspiración al desarrollo. Así lo demuestran las ponencias planteado en las llamadas cumbres de la tierra, que desde Kioto a Cancun, poco ha sido el logro contra la emisión excesiva de gases contaminantes que generan el efecto invernadero y el calentamiento global.

Es difícil en pocas líneas englobar todo lo que puede asomarse sobre el tema nuclear, su uso, sus peligros y sus bondades, sin embargo, hemos querido imbuirnos en él, dadas las circunstancias que surgen del terremoto-tsunami de Japón. Desastre que sin dudas mantendrá la reacción mundial contra el peligro que asoma para la humanidad global la contaminación radiactiva, que no podemos enfrentar con simples explicaciones sobre los posibles resultados y consecuencias del uso de esta energía, que con toda la experticia que se ha generado, impide justificarse como el recurso energético para reemplazar el uso del petróleo como combustible.

Es propicio el momento, para hacer remembranza de los beneficios que el petróleo puede aportar para el mundo, más allá de la retórica del precio del barril y la generación de divisas, temas que en nuestra cátedra de “Derecho Ecológico”, analizamos dentro de lo que incumbe a estos fenómenos como causas de la problemática ecológica universal, sin que escape el tema energético que obliga a encontrar factores comparativos, especialmente cuando analizamos las señales de peligro ecológico en lugares remotos de la tierra, que han obligado a los entes y organizaciones que se preocupan por el medio ambiente, a dirigir su atención a la administración prudente de los recursos naturales del planeta, a los efectos mundiales de la contaminación industrial; a la eliminación de los residuos nocivos de los procesos industriales, al control de las armas de destrucción masiva y al control del uso de la energía nuclear. Y cuando incluimos la radiación producida por las centrales atómicas como contaminación ambiental, hacemos una separación metodológica de la contaminación producida por el material radiactivo, en atención a los efectos desastrosos que han producido en la humanidad, para mantener en mente este peligro que no cesa, a pesar de los tantos tratados firmados a nivel internacional para regularizar el uso de la energía nuclear, y para la proscripción de las armas nucleares.

Venezuela tiene una vasta reserva de hidrocarburos, que hasta hoy se le considera como la principal fuente energética del planeta y con planes seriamente desarrollados se ha preocupado por encontrar soluciones a la contaminación que se genera al usarlo como combustible. Así surgió la Orimulsión, tesis cumbre del INTEVEP después de varios años de investigación, con la cual se moldeó el producto sustituto para la generación de electricidad. Es decir, la producción del calor necesario para dar movimiento a los generadores capaces de producir el elemento eléctrico, que es el mismo efecto de los reactores nucleares, pero sin el temor de los accidentes que pueden y se han derivado de éstos.

Si bien es cierto, que la generación eléctrica del elemento nuclear es más limpia, mas económica al mediano plazo y sin contaminación ambiental a la vista, como la generada por los combustibles fósiles, pareciera que el riesgo está determinando que la mejor fórmula es lograr a toda costa un combustible menos contaminante, que vaya cada vez reduciendo el porcentaje de emanaciones de dióxido de carbono, mejorando el producto venezolano “Orimulsión”. Este, que sin explicación seria fue rechazado por este gobierno, aduciendo razones de precio, para transformarlo en petróleo de mayor grado API, engañando al pueblo con la tesis de que este producto, “que no es derivado del bitumen sino del petróleo”, se estaba regalando. Evidentemente es un retroceso grave que debemos criticar, entendiendo que la desidia solo conduce al fracaso y tenemos la esperanza que más temprano que tarde volverá la sindéresis a la intelectualidad nacional.

Creemos que no basta con oposición. Es necesario emprender una jornada de iluminación intelectual, que rechace, no con ataque, sino con luz, pensamientos e ideas. El venezolano debe rechazar la idea de la energía nuclear, no porque es costosa y requiere tiempo para su implementación, sino porque no es necesaria y sería un contrasentido para nuestra principal industria, la petrolera desplazarla por otra que requiere grandes inversiones de recursos y hacer lo que otros hacen porque no tienen petróleo barato. Si la quema del petróleo es contaminante, no somos nosotros los que debemos impulsar su ataque, ya que no somos los mayores consumidores. Lo que hay es que desarrollar la tecnología necesaria para lograr su uso descontaminado y de una vez por todas buscarle su desarrollo industrial aguas abajo. Los miles de productos que pueden obtenerse del petróleo nos pondrían a la vanguardia de ese desarrollo.

Concluimos con un mensaje a los científicos nucleares venezolanos que aúpan y apoyan al presidente. Su patriotismo no está en engañarlo, sino en hacerle entender que en Irán lo que se busca es el desarrollo de armas nucleares para imponer el miedo nuclear entre vecinos y la hegemonía del poder sin democracia. Su actitud es antipatriótica, como lo ha sido apoyarlo en la expatriación de los cerebros formados en PDVSA. Deben decirle a Chávez, que los países usan la energía nuclear, no para evitar la contaminación, sino por el costo de la petrolera, por lo que es injustificable, que un gobierno dispendie el producto del petróleo para importar una tecnología competidora. Es lastimoso, que venezolanos capacitados e intelectuales se valgan de su ignorancia, para hacerle creer que el uso de la energía nuclear es modernismo o muestras de poder. El tiempo y la naturaleza están demostrando lo contrario.

Hay que aclararles, que la energía nuclear se genera mediante la fisión de átomos de uranio, cuyo calor creado en el proceso se emplea para impulsar una turbina que genera electricidad. Es el mismo efecto de la Orimulsión. Y que el reactor nuclear y el equipo de generación eléctrica, que a diferencia de nuestro invento, son sólo partes de un conjunto de actividades interrelacionadas. La producción de un suministro fiable de electricidad en este proceso, exige extraer, procesar y transportar el uranio; enriquecerlo y empaquetarlo en la forma adecuada; construir y conservar el reactor y el equipo generador, y procesar y retirar el combustible gastado (desechos que nadie quiere). Estas actividades requieren unos procesos industriales muy complejos e interactivos y conocimientos especializados, que ni los tenemos ni los necesitamos.

El primer reactor nuclear que se conectó a una red de distribución de electricidad en Estados Unidos empezó a funcionar en 1957 en Shippingport (Pensilvania). Esto marcó el principio del intento de transformar los sistemas de generación eléctrica de todo el mundo para que empleasen energía nuclear en lugar de combustibles fósiles. Sin embargo, el intento fracasó debido al rápido aumento de los costes, los retrasos debidos a disposiciones locales, la reducción de la demanda de electricidad y el incremento de la preocupación por la seguridad.

Más recientemente, a finales de la década de 1980 la industria nuclear quedó en suspenso en la mayoría de los países debido a la polémica política y económica. Francia, con una fuerte tradición de control centralizado de las cuestiones técnicas, ha constituido una importante excepción en ese sentido, igual que los países de la antigua Unión Soviética; sin embargo, no podemos llamarnos a engaño, a finales del siglo XX se comenzó a cuestionar el modelo energético imperante por dos motivos: los problemas medioambientales suscitados por la combustión de combustibles fósiles; y los riesgos del uso de la energía nuclear, puestos de manifiesto en accidentes como el de Chernóbil, hoy ratificado con Japón. Solo la educación y la razón son capaces de enseñarnos. Por esto estimamos que la energía nuclear no es la solución, Venezuela dio el primer paso en la generación de un combustible fósil menos contaminante, allí está el futuro energético