TEORÍA APRIORÍSTA

Muchos autores comparten el criterio de que no es  propiamente una TEORÍA, sino un método que se fundamenta en un sistema hipotético a priori, donde no hay mucho que descifrar, ya que su nombre descubre el origen y su contenido: “una hipótesis derivada a priori”, es decir, tomada por el investigador sobre un criterio “apriorístico”.

El procesalista e investigador criminal colombiano Deidis Echandía, al referirse a esta teoría,  expresa, que "el criterio apriorístico es el RAZONAMIENTO A PRIORI, que se hace en base a un determinado procedimiento inicial y se entiende esta teoría como un método diligenciante de índole criminal, donde el investigador debe exponer sus puntos de vista de manera a priori, sin todavía llegar a conceptualizar el procedimiento de investigación criminal”. Pareciera entonces, una explicación didáctica para cualquier diligenciante.

Se deduce como lógica, que lo apriorístico es por el momento o la oportunidad de presentar la prueba que, en la investigación, pasaría a constituir una hipótesis a demostrar. No hay dudas, el Apriorismo constituye el método en que se emplea sistemáticamente el razonamiento a priori.

Exponen los autores, que hay bastante claridad y ejemplos jurídicos en las opiniones, por lo que, para no entrar en críticas de interpretación innecesarias, se sumergen en el sofismo, al supuesto fundamento de la verdad, por cuanto no hay dudas del origen de la nomenclatura utilizada. A priori (del latín, 'lo que viene antes de'), en filosofía hace referencia al conocimiento adquirido sin contar con la experiencia, es decir, aquel que se adquiere mediante el razonamiento deductivo.

Se considera que el conocimiento a priori es básico en algunas ramas de la epistemología, especialmente en las teorías racionalistas. René Descartes, por ejemplo, consideraba la razón como una facultad independiente de la experiencia y defendía la existencia de un conocimiento innato, o a priori, es decir, el conocimiento de uno mismo, que él expresaba mediante la célebre fórmula “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”), que pasó a ser el punto de arranque de todas sus posteriores investigaciones.

El tema, tratándole desde el punto de vista jurídico, va hacia lo demostrable mediante pruebas reales y concretas, sin dejar de reconocer que modernamente se deja al juez un amplio margen para su criterio, que evidentemente, tiene que ser jurídico y racional. En este sentido, juegan otros conceptos del sofismo, siendo así que, la existencia del conocimiento a priori es negada por empiristas como David Hume o John Locke, según los cuales sólo lo que proviene de la experiencia, es decir, "lo a posteriori, puede ser objeto de conocimiento".

La existencia del conocimiento a priori ha sido una pieza clave en la formulación de argumentos que tratan de demostrar la existencia de Dios. Algunos filósofos han sostenido que negar el conocimiento a priori supone negar la posibilidad de probar la existencia de Dios, ya que, como es notorio, Dios no es perceptible por los sentidos. No hay dudas, interpretando estos sofismas, lo apriorístico pareciera no ser real pero si racional. De allí que la suerte de esta teoría o metodología, como quiera llamársele tiene claros fundamentos lógicos y, sin redundancia,  epistemológicos. En este sentido, la metafísica se caracterizaba por su tendencia a elaborar teorías sobre la base del conocimiento a priori, es decir, el saber que se deriva sólo de la razón, para diferenciarlo del conocimiento a posteriori, que se adquiere por los hechos de la experiencia. Del conocimiento a priori se deducían proposiciones generales que eran consideradas verdad de todas las cosas. El método de investigación basado en principios apriorísticos se conoce como racionalismo.