Una visión real del Indigenismo

Enrique Prieto Silva

La inclusión de nuevas normas constitucionales sobre el indigenismo, nos permite adentrarnos de nuevo en el análisis  del tema, sobre el cual nos referimos con el mismo título el 16 de diciembre de 1994. Igual que entonces, y a pesar de antropólogos e indigenistas de diversas corrientes e intenciones, quienes manipulan el pensamiento de estos descendientes directos de nuestras etnias, consideramos absurdo el criterio utilizado por ellos para dar preponderancia a estos venezolanos, quienes por suerte algunos y por intención otros, son ciudadanos de nuestro gentilicio, ya que ni ellos ni nosotros tenemos la culpa del descubrimiento y de la conquista y mucho menos de nuestra gestación.

Ni los marcados rasgos, ni el intento de apariencia original y autóctona, eliminan la intención del liderazgo de algunos “blancos” e indígenas, quienes quieren aprovechar la corriente para favorecer su intención equivocada de diferenciar entre unos mas y otros menos venezolanos. Quien no los conozca, como dice el cuento, “que los compre”.

El ejercicio inicial de la profesión de maestro rural en comunidades indígenas, (no “pueblos” como han pretendido identificarlos en la Constitución), nos dejó el grato sabor del agradecimiento étnico por su incursión en nuestra cultura. Los iniciamos en el conocimiento de las letras, de los símbolos patrios, de la integración y en el beneficio de la ciencia en la salud, en el desarrollo humano y en el esparcimiento. Ellos, al mismo ritmo y muchas veces mas rápido que los “blancos” (no indígenas), incursionaron en las artes, las letras, las ciencias, la milicia, el deporte y en toda la gama cultural de nuestro pueblo venezolano, sin que hayamos escuchado ni visto el regreso de estos ciudadanos culturizados como venezolanos a su vida “ancestral”. Por el contrario, vemos por las calles de las grandes ciudades paupérrimos indígenas con sus crías como señuelo, mendigando como cualquier otro “pata por el suelo” de nuestros barrios de miseria, sin que pensemos que es esta la enseñanza de una buena educación dada por los fervorosos líderes indígenas e indigenistas, quienes hoy proclaman la independencia de su “pueblo”.

No podemos negar, que toda esta tramoya no es mas que una equivocada y lastimosa confusión, de quienes han gestado y creído en un indigenismo tratado y manejado absurdamente con un criterio científico y experimental, global y universal, dejando a un lado el sentido humano del problema, cuya mayor gravedad es que han despertado en los indígenas un sentimiento separatista y de independencia que puede dar al traste con la integridad nacional y hacer una regresión a estadios históricos superados en todos los países que se jactan de asomarse al desarrollo. Es por lo tanto lamentable, que las voces a coro de agoreros y agorados timpanicen sonoramente en nuestros líderes y hoy en los constituyentes, al extremo de insumirlos en somnolencia profunda, que los haga votar a favor de la propuesta.

LA TEORÍA Y LA CONSTITUCIÓN

Al margen de las teorías antropológicas, que evidentemente son consideradas en todas las relaciones sociales y jurídicas, y  marginando también la antropografía para dar paso al antropocentrismo, muy bien delineado en la concepción de pueblo y democracia, en Venezuela, el fin último es el hombre, como objeto y sujeto. Es por lo que, el propósito constitucional vigente es claro cuando establece "la igualdad social y jurídica, sin discriminaciones derivadas de raza, sexo, credo o condición social." Fin constitucional de inexcepción, no olvidado por el anterior constituyentista, cuando estableció en el mismo cuerpo normativo: "el régimen de excepción que requiera la protección de las comunidades indígenas y su incorporación progresiva a la vida de la Nación." Sería hoy una contradicción, si mantenemos el principio de la indiscriminación y a la vez, el mismo texto constitucional establece la separación de dos supuestas culturas territoriales. La venezolanidad es una sola, que puede admitir la doble nacionalidad legal por intereses nacionales y no por intereses de grupos nómadas y de inconsistencia social, cuyo fin es el de la ventaja ante la Ley para delinquir.

A nuestro criterio, favoreciéndolo con los ejemplos de los educados y los indigentes emigrados de las comunidades indígenas, creemos que la "incorporación progresiva", establecida en la Constitución vigente, que debe mantenerse, se refiere a la necesidad obvia, de penetrar las comunidades indígenas mediante relaciones psico-sociales y educativas, deliberadamente condicionadas, con el premeditado fin de lograr sin traumas y con una concepción de bienestar, su adaptación al desarrollo nacional y global en visión de pueblo con mejor calidad de vida. No podemos creer, como pareciera ser, que pueda persona alguna y mucho menos organizaciones sociales o culturales, pensar y actuar  para mantener nuestro indígena en su estado natural actual de subcultura y de atraso e incivilidad, por cuanto ello sería una contradicción, tanto del fin general constitucional, como el de la educación: "el pleno desarrollo de la personalidad, la formación de ciudadanos aptos para la vida y para el ejercicio de la democracia, el fomento de la cultura y el desarrollo del espíritu de solidaridad humana." Y, sin que desechemos el cierto sentido cultural indígena, no creemos que para la redacción de una norma constitucional, debamos tomar el sentido epistemológico de cultura y no el que la refiere al rango de la civilización.

INDIGENISMO Y NACIONALISMO

Sin que pretendamos la solidaridad institucional, como es nuestro estilo, creemos que el alerta dado por el constituyente general Visconti, no debe ser desechado por sus colegas, por cuanto lo que se redacta es la nueva Constitución de Venezuela y no la declaración romántica de principios socio-culturales de algunos venezolanos, supuestamente desadaptados. Se trata de diseñar lo que será el Estado venezolano del futuro inmediato, donde quiérase o no, jamás podrá eliminarse el concepto de soberanía, por muy desarrollada que llegue a ser la globalización y por muy fuerte que sea la integración.

Muchos yerran al definir la soberanía con los simples conceptos de defensa y de fronteras, olvidando lo principal: “Soberanía es la autoridad suprema del poder público, que asume del pueblo, donde reside. Es la autoridad de un Estado sobre un territorio y sus pobladores, que ejerce por su cualidad o condición de soberano o independiente”. Como vemos, la soberanía reside en un pueblo independiente, donde se genera la autoridad de gobierno en un territorio. Es por ello improcedente la declaración de las etnias indígenas como pueblo, que es de gravedad si se declara la independencia del territorio poblado por ellas.

Los que hemos convivido con nuestras comunidades indígenas sabemos de sus costumbres, ideales e intereses. Lo que ellos reclaman es lo que han aprendido de sus “filántropos” indigenistas y políticos incultos y demagogos. Así vemos comunidades indígenas dedicadas exclusivamente al comercio ilegal de mercancía de alta calidad traída de USA o Europa, no de artesanía autóctona; o los vemos reclamando el derecho “ancestral” para la explotación de recursos auríferos y diamantíferos, cuyo producto vendido en países fronterizos, lo utilizan para la compra de armas, drogas, licores y otros vicios que son atacados por la legislación de los “blancos”.

La ligereza en la discriminación constitucional, no puede hacernos olvidar que sobre estas consignas se han generados los nacionalismos en el mundo, que comienzan por la exaltación de la personalidad nacional y el apego de los naturales de esa nación a ella y a cuanto les pertenece. Como doctrina, al exaltar la personalidad nacional, o lo que reputan como tal sus partidarios, generalmente conduce a la aspiración de un pueblo o raza a constituirse en estado autónomo. Junto a las motivaciones de territorio, lengua característica, religión y tradiciones comunes, siempre ha sido fundamental la voluntad como grupo humano de querer vivir unido, formando un ente político. Así se han originado las naciones del mundo, para lo cual el reclamo inicial es su independencia y autonomía política. El ejemplo mas característico es el que ha generado por siglos las guerras balcánicas.

LA MENTALIDAD INDIGENISTA.

El indigenismo no debe seguir existiendo como un coto filantrópico y de protagonismo científico-cultural. Por ello creemos que, el mayor esfuerzo a hacerse es a nivel sociológico. Hay que partir de un proyecto educativo definido y específico, que se inicie con un cambio de la mentalidad proteccionista de los indigenistas, quienes quieren mantener las etnias como conejillos de indias para sus investigaciones y observaciones nacionales y para ejemplos internacionales, que las convierten en un atractivo turístico y próspera fuente para congresos y foros. Y no entendemos como pueden existir seres humanos civilizados, que quieran mantener a otros seres humanos en una situación de minusvalía o subhumanidad, y para ello, se erijan en sus defensores y salvadores, conviviendo con ellos solo en forma temporal en una posición tutelar y de sabios, que le da autoridad religiosa o de profeta, la mayoría de las veces para conquistar adeptos. En muchos casos, es la repetición de los misioneros en épocas de La Conquista.

Sin que queramos ofender, muchos indigenistas son frustrados practicantes de la sociología, que a falta de campo de estudio en ambiente civilizado, tratan de practicar sus teorías en un submundo humano. Esto debiera avergonzarnos cuando tratamos de defender los derechos humanos y lid erizar sobre ellos en defensa de la democracia, convenciéndolos en las bondades que solo sirven para legalizar la minusvalía y la subsociedad.

¿De dónde sacan los indigenistas la tesis de que las etnias quieren vivir marginadas de la civilización?. Basta oírlos y verlos, para deducir que están siendo manipulados, vaya usted a saber con que intereses ocultos. Muchos años nos ha costado la investigación para el análisis que, por espacio no podemos profundizar.